Adrián era un niño bastante alegre que vivía en una ciudad enorme llena de edificios que, con solo verlos, daban vértigo. Las calles eran amplias y siempre estaban llenas de personas que parecían apuradas mientras se movían de un lado a otro, y al pequeño Adrián le gustaba imaginar el motivo por el cual esas personas siempre parecían tan apuradas.

El otro día, sin ir más lejos, Adrián vio a una muchacha correr con una gran sonrisa en la cara. Tras darle vueltas a la situación, llegó a una conclusión muy lógica: su mamá seguramente le habría hecho su comida favorita y querría llegar a casa de inmediato. ¡A él muchas veces le pasaba lo mismo!
A Adrián también le gustaba ir al colegio, porque allí pasaba la tarde jugando y aprendiendo cosas increíbles junto a su amiga Mónica, una de sus pocas amistades en el cole. Y es que, a pesar de ser tan alegre e imaginativo, Adrián no tenía demasiados amigos y estaba convencido de que el motivo era que pasaba mucho tiempo soñando y observando.
Cuento: El baile de San Valentín


